La comida chatarra puede provocar una adicción similar a la de la cocaína

Lunes, 29 de marzo de 2010 a las 13:32
El consumo excesivo de comida con alto contenido calórico provocó que un grupo de ratas tuviera un comportamiento compulsivo (Cortesía SXC).
El consumo excesivo de comida con alto contenido calórico provocó que un grupo de ratas tuviera un comportamiento compulsivo (Cortesía SXC).
Lo más importante
  • Los efectos de la comida chatarra en el cerebro, podrían ser iguales a los de la cocaína y heroína
  • El comportamiento de las ratas al comer en exceso productos altos en calorías es similar al que tienen cuando son adictas a las drogas
  • Las ratas de un estudio que sólo consumieron alimentos con muchas calorías, cada vez comían más para sentir satisfacción
  • La investigación demostró que la dopamina en el cerebro de las ratas disminuyó cuando se hicieron adictas a la comida
  • En los humanos la dopamina baja es señal de adicción a las drogas

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Eventualmente se registra un choque en el centro del placer y se tiene la misma sensación que se sentiría con el consumo de alguna droga
Paul J. Kenny, sobre el efecto de comer excesivamente productos chatarra

(CNNMéxico) — Científicos han confirmado lo que hemos sospechado por años: el tocino, el pastel de queso y aquellos alimentos deliciosos pero engordadores, pueden causar adicción.

Un nuevo estudio hecho con ratas comprobó que los alimentos con alta carga de calorías tienen efectos en el cerebro de la misma forma que la cocaína y la heroína.

Cuando las ratas consumen esta clase de comida en grandes cantidades, comienzan a tener comportamientos compulsivos que pueden ser comparados a las reacciones que se tienen con una adicción a las drogas, concluyó el estudio.

Drogarse o consumir comida chatarra en grandes cantidades estimula el llamado centro del placer del cerebro, según el Dr. Paul J. Kenny del Instituto de Investigación Scripps en Florida.

“Eventualmente se registra un choque en el centro del placer y se tiene la misma sensación que se sentiría con el consumo de alguna droga”.

En el estudio, publicado en el diario Nature Neuroscience, Kenny estudió a tres grupos de ratas por 40 días. El primero sólo comió comida de roedor, el segundo fue alimentado con tocino, salchichas, pastel de queso, glaseado y otros alimentos altos en calorías durante una hora al día.

El tercer grupo podía comer toda la comida chatarra que quisiera hasta por 23 horas al día, con una de descanso.

Los autores del estudio no se sorprendieron al ver que las ratas que comían como humanos, rápidamente subieron de peso. Pero sus cerebros también cambiaron.

Al monitorear su cerebro, los investigadores encontraron que las ratas del tercer grupo desarrollaron tolerancia ante el placer que les ocasionaba la comida, por lo que, para sentir satisfacción, cada vez tenían que comer más.

Las ratas del tercer grupo comenzaron a comer compulsivamente, incluso cuando esto les ocasionaba dolor. Los investigadores pusieron un dispositivo de electrochoques en los alimentos, los primeros dos grupos dejaron de comer en cuánto notaron que esto les haría daño, pero el resto no. “Su objetivo estaba únicamente en comer”, sin importar el costo, dijo Kenny.

En estudios previos, el cerebro de la rata registró cambios similares cuando se les hizo adictas a la cocaína y la heroína.

Que la comida chatarra provoque esta clase de reacciones es completamente sorprendente, dijo el Dr. Gene-Jack Wang, el jefe del departamento de medicina del Laboratorio del Departamento de Energía de Brookhaven en Upton, Nueva York.

“Ahora nuestra comida es como la cocaína”.

La cocaína es una droga común desde hace muchos años, pero con el tiempo, la gente ha aprendido a usarla de diferentes maneras para que su efecto dure más tiempo y llegue más rápido al cerebro.

De acuerdo con Wang, con la comida ha pasado lo mismo. “Nuestros ancestros comían granos, nosotros ahora los hemos convertido en pan blanco”.

El estudio demostró que la dopamina en el cerebro de las ratas disminuye considerablemente. En los humanos, los bajos niveles de ese receptor esta ligado a una adicción a narcóticos y a problemas de obesidad.

Esto no significa que todos los que tengan bajos niveles de dopamina están destinados a ser adictos, pues de acuerdo con Wang, también influyen factores ambientales.

Wang también cree que aplicar en humanos los resultados del estudio en ratas es muy arriesgado, pues las reacciones pueden no ser siempre las mismas. Por ejemplo, en investigaciones de pérdida de peso por adicción a las drogas, los roedores bajan hasta el 30% de su peso original, pero en los humanos sólo es del 5%.


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