Algunos padres prefieren salir a un bar con su bebé, que dejarlo en casa

En los bares de NY hay un debate entre los padres que quieren asistir acompañados de su hijo, y quienes no quieren beber frente a un niño

Por Elizabeth Landau
Miércoles, 03 de marzo de 2010 a las 12:58
Matt Gross defiende su derecho de llevar a su bebé consigo cuando sale a un bar. (Especial).
Matt Gross defiende su derecho de llevar a su bebé consigo cuando sale a un bar. (Especial).
Lo más importante
  • Una cara de este debate son los solteros y quienes no tienen hijos, que se quejan de no poder decir palabrotas, tener que fumar lejos de la puerta y tener que controlar a sus amigos borrachos para no asustar a los niños.
  • Por su parte, los padres argumentan que, mientras se hagan responsables del comportamiento de sus hijos, merecen el derecho de tomar un trago con sus amigos.
  • El debate público en Estados Unidos sobre los bebés en los bares se encendió hace dos años cuando el bar Union Hall prohibió las carreolas en los locales.

Es una paternidad responsable y comportamiento adulto responsable. No me estoy emborrachando mientras mi hijita deambula por ahí.
Matt Gross, escritor freelance de 35 años.

CNN — De vez en cuando, Sasha Raven Gross puede ser vista en el vecindario coqueteando con extraños, balbuceando y a veces girando sin razón hasta que cae al suelo. En una mano, trae su bebida favorita: jugo de naranja diluido en una tacita.

Esta pequeña de 14 meses de edad roba la atención con su frecuente asistencia a los bares, y se ha convertido en el centro de un recurrente y espinoso debate: ¿se debería permitir a los padres que lleven a sus hijos a los bares?

La pregunta surge en Brooklyn, Nueva York, y ha desatado un fuego cruzado de argumentos en Internet, y ha provocado protestas extraoficiales y risas entre quienes no son parte del tema.

Una cara de este debate son los solteros y quienes no tienen hijos, que se quejan de no poder decir palabrotas, tener que fumar lejos de la puerta y controlar a sus amigos borrachos para no asustar a los niños. No quieren esa presión: si alguien va a babear en esos lugares, quieren ser ellos.

“Cederé el asiento en el metro, por los niños. Seré tolerante cuando pateen mi asiento por detrás. Pero dejen en paz mis bares”, dice Julieanne Smolinski, de 26 años, quien se siente culpable de llenarse la boca de espuma si la mira un niño de cinco años.

“Los adultos que traen niños a los bares”, sugiere, “se están aferrando a su juventud”.

Por su parte, los padres argumentan que, mientras se hagan responsables del comportamiento de sus hijos, merecen el derecho de tomar un trago con sus amigos. También podrían agregar que las tarifas de las niñeras en Nueva York son imposibles y los apartamentos tan chicos, que necesitan salir a despejarse de vez en cuando.

“Como amo de casa, puedo terminar asolado. Los bares, al ser lugares para beber, son sitios para socializar y conocer gente”, se defiende Matt Gross, papá de Sasha y escritor freelance de 35 años. “Necesito contacto adulto… No quiero ser excluido del mundo adulto”.

El debate público en Estados Unidos sobre los bebés en los bares se encendió hace dos años cuando el bar Union Hall prohibió las carreolas en los locales. Los dueños argumentan que ocupan mucho espacio, especialmente las caras.

El dueño de dicho bar no aceptó hablar con CNN, pero un empleado anónimo comentó que el bar ha sido multado en algún momento por el departamento de Bomberos, porque las carreolas estorbaban en las salidas de emergencia.

En una parte de la ciudad que Greg Curley considera neutral y donde la gente no se guarda su opinión, él y sus compañeros del bar Double Windsor (nudo doble en la corbata) instituyeron la regla de “no se admiten niños después de las 5 de la tarde”.

“Somos un lugar de reunión para el vecindario, no un tugurio”, dijo Curley, gerente y copropietario del bar. “Pero la gente que viene aquí y gasta su dinero no quiere lidiar con bebés”.

Este tipo de reglas no molestan a Gross, como podría suceder a otros padres. De cualquier forma, no pretende tener a su bebé en los bares a todas horas.

Pero cuando el encierro lo vuelve loco, le gusta salir un rato con su pequeña. No la lleva a antros punk donde la música es estruendosa y se desatan peleas. Él la lleva a bares tranquilos, y sólo por la tarde o temprano en la noche.

“No la mantendré fuera después de las 7 de la noche. Cuando el bar se empieza a llenar, es cuando nosotros nos vamos a casa”, dice. “Es una paternidad responsable y comportamiento adulto responsable. No me estoy emborrachando mientras mi hijita deambula por ahí”, concluye.


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