La violencia en México asusta a los turistas estadounidenses

Desde que los asesinatos se han incrementado en las ciudades fronterizas, muchos visitantes prefieren no acudir a Tijuana y Ensenada

Por Paul Vercammen y Ted Rowlands
Viernes, 19 de marzo de 2010 a las 12:02
La violencia en México ha ahuyentado a los turistas estadounidenses de las ciudades fronterizas (Paul Vercammen/ CNN).
La violencia en México ha ahuyentado a los turistas estadounidenses de las ciudades fronterizas (Paul Vercammen/ CNN).
Lo más importante
  • La violencia fronteriza que ha dejado al menos 18,000 muertos desde 2006
  • Ensenada es una ciudad lista para recibir a turistas, pero la ola de violencia ha asustado a los visitantes
  • La mayoría de los turistas llegan en los cruceros por la Bahía de los Santos

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Por favor, dígales, a los estadounidenses, que es seguro venir aquí. Todos somos americanos, norteamericanos. ¿Ve aquí algún problema?
Vendedor mexicano

TIJUANA (CNN) — En la Avenida Revolución de Tijuana, el vendedor Juan Ramón Rocha pasa el tiempo recostado sobre su carrito de monedas y joyas mientras espera que los turistas del otro lado de la frontera aparezcan y le compren algunos souvenirs.

Sin embargo, en una hora sólo ha podido vender un artículo y ni siquiera a un turista, sino a un residente local.

"Las ventas, como puede ver, cayeron 95%", dice. "Por favor, dígales, a los estadounidenses, que es seguro venir aquí. Todos somos americanos, norteamericanos. ¿Ve aquí algún problema?".

A pocos metros, un burro pintado como cebra, amarrado a un carro lleno de sombreros, es el marco ideal para una foto en Tijuana, pero no hay turistas para tomárselas.

A muchos les espanta la violencia fronteriza que ha dejado al menos 18,000 muertos en México desde que en 2006, el presidente Felipe Calderón mandó el ejército para combatir a los narcotraficantes.

En Tijuana ha habido decapitaciones, asesinatos de policías y adolescentes. El miedo a las calles de Tijuana se siente hasta California.

Un grupo de 240 estudiantes del Westmont College cerca de Santa Bárbara, California, se fue manejando por la costa hasta Ensenada, en México, para hacer labores de caridad, pero ninguno se atrevió a ir a Tijuana.

Se les ha dado una orden simple y clara: evitar T.J. como la llaman.

Hanna Walker trabaja poniendo clavos en el tejado de una pequeña casa en construcción, en una carretera polvorienta cerca de Ensenada.

"Sinceramente, estaba nerviosa por cruzar la frontera", comenta. "Ya había estado en México, pero no en proyectos de servicio. Pero ahora que llevo dos días aquí (en Ensenada), me siento muy cómoda".

Los estudiantes de Westmont toman medidas de precaución especiales durante esta misión.

"Nos mantenemos en grupo", explica Walker. "Nos aseguramos de estar con alguien todo el tiempo, cuando voy al centro a cenar, vamos de dos en dos. Cerramos los coches con llave. Simplemente somos precavidos".

Ensenada recibe a todo el que quiera venir, sobre todo ahora que el turismo ha caído en picada por el medio a la violencia.

Afortunadamente para la ciudad, los cruceros siguen atracando en la Bahía de los Santos, lo que supone una inyección de dinero por parte de los turistas que desembarcan.

Pero sólo vimos dos visitantes que llegaron a Ensenada manejando. Los demás turistas han llegado todos en barco.

"La gente tiene miedo de pasar por Tijuana", dice el manager del restaurante Papas and Beer. "Eso es lo que más nos está perjudicando", agrega.

Más tarde, en Tijuana, y con el sol a punto de ponerse, se nos acerca un hombre vestido con una chaqueta pasada de moda y con cicatrices de acné en la cara.

"Les puedo ayudar a encontrar lo que necesiten", nos dice.

"¿Qué quieren? Yo ayudo a la gente a encontrar buenos clubes, citas. Ustedes me pagan", continúa.

Le decimos que somos periodistas y que no estamos interesados.

"Entonces páguenme y les contaré muchas historias sobre todo lo que pasa por aquí", nos insiste.

Al decir todo no sabemos si se refiere a drogas o armas o a las dos cosas, pero no queremos saberlo y seguimos camino hacia el cruce fronterizo, en el que hay unos pocos coches en fila.

Hace unos cinco años, la línea de vehículos era tan larga que para volver a San Ysidro, California, se podían tardar horas. En 10 minutos ya habíamos pasado el cruce, otro indicio de que la violencia fronteriza intimida a los turistas estadounidenses.


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