Su nombre real era José Fuentes, su familia lo vio por última vez cuando la patrulla fronteriza de Estados Unidos los perseguía en el desierto

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Vivíamos en un pequeño pueblo y nunca fue a la escuela. Nosotros siempre le llamábamos Paquito | |
| Maria Fuentes | ![]() |
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NUEVA YORK (CNN) — El 7 de diciembre de 1993, José Fuentes de siete años cruzó la valla metálica que separa a México de Estados Unidos.
José, junto con sus dos hermanos adolescentes, una hermana y una tía, finalmente lograron llegar a la frontera estadounidense tras un mes de viaje: más de 2,000 kilómetros desde El Salvador.
Caos y confusión surgieron en la frontera. Cuando ya estaban del lado estadounidense, alguien gritó "¡policía!", cuenta la hermana de José, María Fuentes.
En la lucha por escapar, José quedó separado de su familia en medio del desconcierto de estar en una carretera de doble sentido vigilada por la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos.
"La gente corría como loca'', contó Santos Fuentes, uno de los hermanos de José que hizo el viaje. "Como todo el mundo estaba corriendo, no sabía a dónde ir. Había muchas ramas y árboles. Estaba oscuro”.
Cuando la familia Fuentes se separó estaban cerca de San Ysidro, en San Diego, pero ni siquiera las autoridades saben señalar exactamente dónde fue.
Los "coyotes" que acompañaron a la familia de José a Estados Unidos, los llevaron a una "casa segura" en California mientras un equipo de búsqueda volvió a buscar a José, pero sin éxito.
"Cada vez que hablamos de ello, es muy difícil. Es doloroso'', lamentó el hermano.
Cruzar la frontera cada vez es más peligroso. De 1995 a 2003, las personas que murieron en el intento fueron 472, de acuerdo con las cifras de la Oficina General de Contabilidad de Estados Unidos.
En las zonas urbanas cercanas a San Diego, California, y El Paso, Texas, los inmigrantes ilegales comenzaron a probar suerte cruzando por el desierto cerca de Tucson, Arizona, donde las temperaturas superan los 46 grados centígrados, lo que puede convertirse en un viaje mortal.
La familia del pequeño José Fuentes no tenía idea de lo que era cruzar a Estados Unidos. "Sólo sabíamos que íbamos a estar con mi mamá'', dijo Santos Fuentes, el hermano mayor.
La madre de José está divorciada y llegó a finales de 1980. "Ella vino a trabajar y a ganar dinero. Éramos cuatro y ella no podía llevarnos a todos''.
Los niños fueron criados por sus abuelos en El Salvador. Y desde ahí comenzaron su odisea a través de Guatemala y México.
Santos Fuentes recuerda que se montaron a un autobús, luego vino una camioneta tras otra con docenas de migrantes. Lavar su ropa o bañarse eran solo fantasías.
En un puesto de control, todos en el camión tuvieron que esconderse en un compartimiento estrecho mientras que los inspectores de Estados Unidos buscaban inmigrantes.
"Estábamos conscientes de que nos podía agarrar y devolvernos a nuestro país. Estábamos todos muy asustados''. Santos Fuentes ahora vive en Fort Worth, Texas. Estudia una maestría en divinidad y quiere ser profesor de religión.
Una vez en Estados Unidos, la búsqueda de José fue complicada por las circunstancias de su desaparición y su estado ilegal.
En 2008, ante investigadores del Departamento de Policía de San Diego, María Fuentes, de 27 años de edad, una asistente de enfermería certificada que trabaja en Atlanta, Georgia, dijo que su hermano José no sabía ni su fecha de nacimiento ni su apellido.
"Vivíamos en un pequeño pueblo y nunca fue a la escuela. Nosotros siempre le llamábamos Paquito''.
José era un "niño normal al que le gustaba jugar, reír y hacer muchas cosas'', recordó su hermano Santos Fuentes. "Era un niño muy feliz. Jugábamos al fútbol. Ese era nuestro juego favorito”.
El caso de la desaparición de Paquito sigue abierto, sin embargo, según el detective Gary Hassen de la Policía de San Diego rara vez hay nuevas pistas.
“Una vez se encontró el cráneo de un niño y las pruebas de ADN no coincidieron con los padres de José”.
José hoy tendría 23 años.
"Realmente queremos saber cómo está'', dice María Fuentes, con lágrimas.
"Tenemos la esperanza de que un día podremos abrazarlo. La espera ha sido larga. Ya es tiempo de que estemos con él, juntos otra vez”.
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