Chile: la tragedia después del terremoto

La periodista chilena Claudia Lagos plantea sus dudas y previsiones sobre lo que pasó y debe de pasar en Chile a consecuencia del terremoto

Por Claudia Lagos Lira
Jueves, 04 de marzo de 2010 a las 17:30
La ciudad de Concepción fue una de las más dañadas por el terremoto del sábado pasado (Reuters).
La ciudad de Concepción fue una de las más dañadas por el terremoto del sábado pasado (Reuters).
Lo más importante
  • El terremoto en Chile ha dejado más de 800 muertos y más de dos millones de afectados
  • El comandante en jefe de la Armada de Chile ha reconocido que la información entregada a la Oficina Nacional de Emergencia fue confusa

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Desde que el mundo es mundo, Chile ha sufrido los embates periódicos de terremotos y maremotos. El desplome de viviendas antiguas o de adobe era predecible, ¿pero departamentos o casas nuevos que superan los 63 mil dólares, con piscinas, conserjerías, gimnasio?
Claudia Lagos Lira, periodista y académica de la Universidad de Chile
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Claudia Lagos es periodista, académica de la Universidad de Chile. Desde su departamento se ve cómo los vecinos de una torre cercana desalojan apurados aquello que pensaron era su hogar. Desde el terremoto, ha estado colaborando con la búsqueda y difusión de información en las redes sociales, y desde ahí, nos comparte sus interrogantes.

 

Chile: la tragedia después del terremoto

Lo que hay que contar de un terremoto y un maremoto es inconmesurable. Los muertos se empinan por sobre los 800, según las últimas cifras del ministerio del Interior; 19 son los desaparecidos confirmados; miles las personas que aún no han podido ser ubicadas debido a las fallas en los sistemas de comunicación; miles de millones de dólares de pérdidas materiales que aún no han sido estimadas; tantos testimonios del horror como sobrevivientes y testigos pueda haber entre una población afectada de más o menos 2 millones de chilenos y chilenas.

Asimismo, es necesario dilucidar quién o quiénes fueron responsables de no dar la alerta temprana de tsunami: Hubiera salvado a las personas que murieron tragadas por el mar y no por el terremoto de 8.8 grados en la escala de Richter que azotó a las 3:34 de la madrugada del sábado 27 de febrero pasado. Hasta ahora, al menos el comandante en jefe de la Armada ha reconocido que la información entregada a la Oficina Nacional de Emergencia fue confusa.

Ya habrá tiempo, también, para los análisis respecto de los errores comunicacionales y de conducción política en los que podría haber incurrido el gobierno de Michelle Bachelet en estos días, sobre todo dando espacio para que las autoridades que asumen el 11 de marzo próximo aparezcan tanto, dando la impresión de un cogobierno, y dejando rendijas por donde las autoridades militares han desmentido una y mil veces a las autoridades políticas, y viceversa.

Cayéndose a pedazos
 
Dentro de estas decenas, miles, de historias por contar del terremoto y maremoto en Chile una de las que ha generado indignación es la de edificios y casas nuevas desplomadas o con daños graves, que han dejado en la calle a centenares.
 
Desde que el mundo es mundo, Chile ha sufrido los embates periódicos de terremotos y maremotos. El desplome de viviendas antiguas o de adobe era predecible, ¿pero departamentos o casas nuevos que superan los 63 mil dólares, con piscinas, conserjerías, gimnasio?
 
El caso más emblemático es el del edificio Alto Río de Concepción, una de las ciudades del sur de Chile más afectadas por el desastre. Se desplomó sobre su costado ocasionando muertes y complicadas labores de rescate transmitidas en vivo por la televisión.
 
Como ese, decenas de proyectos inmobiliarios recién estrenados resultan inhabitables. No hay un registro detallado aún.
 
Interpelado por las edificaciones nuevas con problemas estructurales, en entrevista en la radio de la Universidad de Chile, el presidente de la Cámara Chilena de la Construcción, Lorenzo Constans, recordó que “hay edificios que están inclinados, el ejemplo más claro es la Torre Pisa que se ha mantenido por siglos en pie y, por lo tanto, creo que es conveniente analizarlo con un profesional adecuado”.

Por si fuera poco, la infraestructura vial también ha sido duramente afectada. El modelo de concesiones privadas de obras públicas no ha salido bien parado después que autopistas con poco tiempo de uso, como la Vespucio Norte en Santiago, resultara partida en numerosos puntos de su recorrido. Las carreteras interurbanas tampoco se salvan: cortes, pasos sobre nivel caídos, pasarelas… la imagen de país moderno está, literalmente, en el suelo.

Preguntas y preguntas
 
Parte de las respuestas puede que las encontremos, en términos generales, en la explosiva liberalización del mercado inmobiliario y en el cambio en los usos de los suelos, sobre todo en la Región Metropolitana, donde se ubica Santiago.
 
Pero si atendemos a la ruta que debe seguir un proyecto inmobiliario habitacional, casa o departamento, podemos identificar varios eslabones de una larga cadena donde es indispensable buscar los intersticios por donde se colaron los errores. De ese recorrido, surgen preguntas que habrá que responder cuando pase el vendaval, se encuentren a los desaparecidos, se entierren a los muertos y se calculen los daños definitivos.
 
¿Los municipios chilenos dan abasto para revisar todos los documentos que incluyen los centenares de proyectos inmobiliarios que reciben anualmente? ¿Son suficientes para verificar cada edificio o conjunto habitacional? Estas interrogantes son todavía más pertinentes en comunas con una explosión en el mercado inmobiliario sin precedentes, como Ñuñoa, Santiago centro o la misma Concepción.
 
¿Todos y cada uno de los materiales estructurales, tales como hormigones, fierros, artefactos eléctricos, tubería de cobre u otros, son ensayados periódicamente y certificados, tal como exige la norma chilena en la materia? Es reconocido que la norma chilena de construcción es rigurosa, y que está sometida a revisión y ajustes periódicos. Pero, ¿y su ejecución?
 
Del mismo modo, ¿quiénes fueron los inspectores que fiscalizaron y certificaron que cada etapa de la construcción estuviera en orden? ¿Quiénes son los profesionales responsables del proceso de cálculo, diseño, edificación, ejecución de las obras…?
 
Se viene a la memoria la enorme actividad que han tenido en la última década empresas especializadas en demoler casonas antiguas para levantar edificios de departamentos como los que se han desplomado tras el terremoto. Pero, ¿quién y cómo van a demoler estas moles de concreto ahora? ¿Qué va a pasar con los vecinos? ¿Quién pagará los costos?
 
En el caso de las autopistas, las concesionarias (cuyo giro es explotar el uso de la vía y no construir) forman constructoras que duran lo que dura la ejecución y luego se disuelven. Estas constructoras subcontratan empresas que realizan las obras y a las cuales deben fiscalizar en ese proceso. Sin embargo, muchos de los profesionales de las constructoras de autopistas, que bajan sus cortinas tras terminar la obra, pasan luego a formar parte de los subcontratistas a los que deben fiscalizar. ¿Relajarán las fiscalizaciones y las exigencias?
 
Por lo pronto, se quedan en la memoria los vecinos asustados, que se quedaron con el miedo en la garganta tras sobrevivir a un terremoto que los sorprendió en lo que podría haber sido su tumba.

 


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