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Veo cómo los niños se emocionan cuando ven llegar el biblioburro | |
| Dario Holguín | ![]() |
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MAGDALENA, COLOMBIA (CNN) — Para un ojo no habituado, un hombre que carga 120 libros montado en un testarudo burro sería algo así como un espectáculo circense. Sin embargo, para cientos de niños de las zonas rurales de Colombia, Luis Soriano está lejos de ser un payaso. Es un hombre con la misión de salvar a los niños del analfabetismo.
“Hubo un momento en que mucha gente pensaba que me había vuelto loco”, dice Soriano, de La Gloria, Colombia. “Me gritaban que los carnavales ya habían pasado… pero ya he superado todo eso”.
Soriano, de 38 años, es un profesor de educación primaria que pasa su tiempo libre manejando un “biblioburro”, su biblioteca móvil a lomos de burro en la que enseña a cientos de niños en “regiones abandonadas” en el estado colombiano de Magdalena.
“En las regiones rurales, un niño debe caminar o montar en burro hasta 40 minutos para llegar a la escuela más cercana”, dice Soriano. ”Los niños tienen muy pocas oportunidades de llegar a la educación secundaria. Hay pocos profesores que quieran trabajar en zonas rurales”.
Burro Alfa
Al principio de su carrera de 17 años como profesor, Soriano se dio cuenta de que algunos estudiantes tenían dificultades no sólo con el aprendizaje sino para acabar sus tareas en casa. La mayor parte de los niños que reprobaban vivían en pueblos rurales, donde padres analfabetos y la falta del acceso a libros no les permitían completar sus estudios.
Para cubrir este vacío, Soriano decidió llevar los libros personalmente a los niños.
“En casa había dos burros que no se usaban y tuve la idea de emplearlos para mi proyecto biblioburro ya que son animales que pueden llevar carga pesada”, explica Soriano, “Coloco los libros en las sillas de montar sobre sus lomos y se convierten en mis herramientas de trabajo”.
Todos los miércoles al anochecer y los sábados por la tarde, Soriano se despide de su mujer y sus tres hijos para ir a pueblos seleccionados –casi 4 horas de ida y 4 de vuelta– a lomos de un burro llamado Alfa. Otro burro, Beto, los sigue con más libros y una manta para que los niños se sienten. Sus rutas incluyen unos 15 pueblos.
“No es fácil transitar a través de los valles”, dice Soriano. “Si te sientas en un burro durante cinco u ocho horas, acabas muy cansado. Es una verdadera satisfacción llegar al destino”.
En cada pueblo, de 40 a 50 jóvenes aguardan su turno para que les ayude con la tarea, para aprender a leer o para escuchar una gran variedad de cuentos, historias de aventuras o lecciones de geografía que Soriano ha preparado.
“Veo cómo los niños se emocionan cuando ven llegar el biblioburro. Les hace feliz que siga viniendo”, afirma Dairo Holguín, de 34 años, cuyos hijos forman parte del programa. “Para nosotros, su programa complementa lo que los niños aprenden en la escuela. En el biblioburro tienen acceso a los libros que ellos no pueden conseguir”.
Una vida con las letras
Más de 4,000 jóvenes se han beneficiado del programa de Soriano desde que empezara en 1990. El profesor afirma que es incalculable el número de personas que han ayudado, ya que los padres y otros educadores suelen participar en las clases.
Soriano ha pasado casi 4,000 horas montando a sus burros, y no ha salido ileso. En julio de 2008 se fracturó la pierna al caer de uno de ellos; en el 2006 se le abalanzaron unos bandoleros al cruzar un río y, al descubrir que no llevaba dinero, lo dejaron atado a un árbol. A pesar de estos contratiempos, que le dejaron arrastrando una cojera, Soriano no tiene ninguna intención de bajar su ritmo.
Además del programa biblioburro, él y su esposa construyeron al lado de su casa la mayor biblioteca gratuita de Magdalena. Dispone de 4,200 libros, la mayor parte de los cuales han sido donados, algunos incluso desde lugares tan lejanos como Nueva York. También administran un pequeño restaurante en su comunidad.
La esperanza de Soriano es que la gente entienda el poder de la lectura y que las comunidades mejoren con el contacto con los libros y las ideas diferentes.
“Para nosotros, los profesores, se trata de un triunfo educativo, y para los padres, la gran satisfacción es que sus hijos sepan leer. Esa es la manera en que las comunidades cambian y los niños se convierten en buenos ciudadanos y en personas útiles”, afirma Soriano. “La literatura es la forma que tenemos de comunicarlos con el mundo”.