
VANCOUVER (CNN) — Muchos niños sueñan con estar en los Juegos Olímpicos. Cuando el deportista de bobsled (trineo), Bill Schuffenhauer, era pequeño, no tenía idea de que los Juegos Olímpicos existieran.
Lo único que sabía era que sus padres eran adictos a las drogas, que su madre era prostituta y que a menudo era golpeada frente a él. Sabía que si iba a sobrevivir, tendría que hacer lo que fuera necesario.
Robaba a la gente, comía restos de basura, estuvo preso por intentar robar en una tienda de bicicletas para conseguir dinero para comer.
Tenía pocos amigos, la mayoría conocidos de su madre u otros niños de la calle, muchos de los cuales eran miembros de pandillas. Su madre y su padrastro constantemente eran desalojados. Faltó mucho a la escuela. Bebía y se drogaba.
La vida era difícil, a veces aterradora y soñaba con encontrar un hogar verdadero.
"Sabía que había algo mejor", dijo Schuffenhauer, de 36 años, a CNN mientras se preparaba para sus terceros Juegos Olímpicos. "Y aunque había un montón de cosas horribles que pasaban, éstas me han hecho una persona más fuerte".
Cuando entró a secundaria, su abuela materna, Sadie Muñiz, se lo llevó. Ella vivía en la ciudad de Roy, Utah, a unos 30 minutos al norte de Salt Lake City. Con lágrimas, el atleta recuerda cómo ella siempre estuvo ahí para impulsarlo o retirarlo cuando empezó a estropear de nuevo las cosas.
"Ella me recordaba nunca rendirme y siempre seguir adelante," dijo.
Inspirado por ella, empezó a ir a la escuela regularmente, a pesar de que este multi-étnico niño resaltaba por su gran afro y su ropa raída. Había algo que le ayudaba a encajar: correr rápido. Gracias a la velocidad adquirida para escapar a los peligros de las calles - y a los policías –, pudo correr lejos de su terrible pasado.
La pista y el campo eran un momento decisivo; ahora tenía verdaderos amigos y los padres de uno de sus compañeros de equipo finalmente lo adoptaron. Sus entrenadores le dijeron que tenía el talento para ser un atleta olímpico. Impulsado por ese sueño, trabajó duro en la escuela y en convertirse en un deportista de decatlón. Fue a la Weber State University y mientras estuvo ahí ganó las competencias nacionales junior en 1992.
En el año 2000 se estaba preparando para las pruebas olímpicas cuando su carrera en la pista tuvo un final doloroso. Un tobillo lesionado tantas veces le falló de nuevo y lastimado tanto que no podía caminar, tuvo que renunciar a su sueño de ir a Sydney.
Estaba abatido, pero como a menudo recuerda, su formación, o falta de ella, le enseñó a ser fuerte.
Su conversión a bobsledder llegó gracias a un amigo que le dijo que había una nueva pista en Park City donde el equipo de Estados Unidos se estaba entrenando para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002. Fue para comprobarlo y continuó regresando hasta que los bobsledders se dieron cuenta de su altura (1.98cm) y peso (90kgs), y lo invitaron a probar como pusher (empujador).
Se unió al equipo y corrió periódicamente, pero no era miembro regular hasta que el destino intervino. Uno de los miembros del equipo Olímpico dio positivo por esteroides y Schuffenhauer fue llamado. Esa tripulación, dirigida por Todd Hays, ganó una medalla de plata en los Juegos de Salt Lake.
Schuffenhauer se retiró del bobsled después de los Juegos de Torino en 2006, donde fue parte del equipo de dos hombres que terminó en lugar 14. Tenía dos hijos y una novia. Sostener a una familia con el escaso dinero del bobsledder era imposible, era momento de encontrar un empleo y establecerse. Trabajó durante dos años hasta que el deseo de competir volvió cuando vio al equipo en Park City. Se obsesionó con ir a Vancouver.
Él y su familia tenían que resolver un dilema: o renunciaba a la idea de otros Juegos Olímpicos o volvería al entrenamiento de tiempo completo. Fue una jugada arriesgada, si se iba no se le garantizaba un lugar en un trineo olímpico.
"Ha sido increíble, que ella ha sido capaz de apoyarme", dijo de Savage, madre de sus hijos. "Ella es el sostén financiero de mi vida. Ella ha tenido que sacrificarse para hacer realidad mis sueños."
Savage es enfermera, y su salario no era suficiente para pagar la hipoteca de la casa. El banco los echó y Savage y los niños se mudaron a un lugar rentado.
Schuffenhauer intentó recaudar dinero de los patrocinadores. Los dueños de la tienda donde fue sorprendido robando en su juventud le ofrecieron una para rifar. Pero con la economía en caída libre, apenas se vendieron boletos. Todavía hay boletos disponibles en su sitio web, billschuffenhauer.com.
Las cosas empeoraron. Al comienzo de la temporada 2008-2009, Schuffenhauer sufrió una lesión grave, dos discos con hernias en su cuello, lo que hizo difícil el uso de sus brazos para empujar el trineo. Aún así, se mantuvo firme en el propósito de llegar a los Juegos Olímpicos, aunque fuera como suplente. Trabajó estrechamente con un quiropráctico y un médico del equipo para volver a la pista.
En enero, un Schuffenhauer sano y sus compañeros de equipo USA3 fueron a una carrera en St. Moritz, Suiza, con una gran posibilidad de clasificarse para los Juegos Olímpicos. Acabaron sexto en el evento y el sueño Schuffenhauer se hizo realidad.
"El sueño está sucediendo ahora. Aquí estoy. Eso es todo lo que quería", dijo. Luego agregó: "Sería bueno conseguir una medalla de cualquier color."
Es improbable que su equipo logre una medalla en la competencia de cuatro hombres, que será este viernes. Pero Schuffenhauer ha enfrentado lo improbable muchas veces antes.
Y aunque muchas personas le dicen que es un héroe, no puede verse de esa manera. Se imagina a sí mismo sólo como un hombre común que tenía una meta y fue capaz de lograrla. Los héroes son los maestros y los médicos, dijo.
Después de los Juegos, Schuffenhauer planea regresar a casa, encontrar un trabajo, tomar clases en línea hacia un grado de ciencias del deporte para pasar al siguiente capítulo de su vida. Se le preguntó sobre si esos capítulos se escribirán algún día, él dijo que lo había considerado, pero ahora él tiene una familia para la cual regresar.
Y la familia es lo más importante de todo.