
CNN — Para algunos hombres, podría parecer la mujer perfecta: esbelta, 1.70 metros de estatura, 54 kilos de peso. Charlarían sobre los temas de su interés y tendrían relaciones sexuales con ella cuando se les antojara. Claro, siempre y cuando no se le acabe la batería.
Se llama Roxxxy, y es quizá el robot parlante más sofisticado del mundo, con un precio de 7,000 dólares.
“A ella no le gusta cocinar ni aspirar el piso, pero hace casi cualquier otra cosa”, dice su inventor, Douglas Hines, quien presentó a Roxxxy el mes pasado en la Convención de Entretenimiento para Adultos en Las Vegas.
Las muñecas sexuales han sido compañía de muchos hombres solitarios durante décadas. Pero Roxxxy alcanza otro nivel.
Una computadora bajo su suave “piel” de silicona se encarga de controlar el software de reconocimiento de voz y un sintetizador para responder preguntas y conversar.
Viene de fábrica con cinco “personalidades”, desde Farrah la frígida hasta Wendy Salvaje, que pueden programarse según las preferencias del consumidor.
Aunque Roxxxy no estará disponible hasta dentro de unos meses, se puede apartar desde el sitio de Internet TrueCompanion.com, donde ya se han inscrito miles de hombres.
El creador de este muñeca, quien asegura estar felizmente casado, dice que dedicó más de tres años en el desarrollo del robot después de intentar encontrar una aplicación comercializable para su tecnología de inteligencia artificial.
El cuerpo de Roxxxy está hecho de silicona hipoalergénica –el material que se emplea en las prótesis de miembros- moldeada sobre un esqueleto rígido. No se puede mover por sí misma pero puede adoptar casi cualquier posición natural. Para crear su forma, una modelo estuvo posando durante una semana.
El robot funciona con una batería incorporada que dura unas tres horas con una sola carga. Los consumidores pueden recargar a Roxxxy con un cable eléctrico que sale de su espalda. Un motor en el pecho bombea aire caliente a través de un tubo que circula por todo el cuerpo del robot y lo mantiene caliente al tacto.
Roxxxy también tiene sensores en las manos y en el área genital que provocan respuestas vocales cuando la tocas. Incluso se estremece para simular un orgasmo.
Cuando alguien habla con Roxxxy, su computadora convierte las palabras en texto y después utiliza un software de reconocimiento para compararlas con una base de datos que contiene cientos de respuestas pertinentes. El robot, entonces, responde en voz alta –su “voz” pregrabada es la de una presentadora de radio anónima- por medio de un parlante oculto bajo su peluca.
“Para hacerla lo más realista posible, tiene un diálogo distinto en cada momento diferente. Habla mientras duerme. Incluso ronca”, aunque el ronquido puede desactivarse si así se quiere.
Roxxxy sólo entiende y habla inglés por ahora, pero la empresa de Hines, TrueCompanion, trabaja en versiones en japonés y español. Por una suma adicional, Hines también grabará diálogos y frases personalizados para cada cliente, lo que significa que Roxxxy podría hablarle al usuario sobre futbol, por ejemplo, o de las complejidades de la política en Medio Oriente.
Hines cree que su creación está un peldaño más arriba que otras muñecas –una similar pero muda, RealDoll, cuesta alrededor de 5,500 dólares- porque sus habilidades conversacionales la hacen más cercana emocionalmente.
¿Quiénes serán sus clientes? Hombres tímidos, extraños o viejos con “problemas para conocer mujeres”, explica el inventor.
En una industria famosa por ampliar las barreras tecnológicas, los observadores se preguntan si Roxxxy será rentable. “¿Es un producto viable?, sí”, responde Sheeri Saulis, editora de Adult Video News, una revista de la industria pornográfica. “Hay un mercado para este producto. Por supuesto, es un mercado muy pequeño.”
¿Muy pequeño? Quizás no tanto. TrueCompanion asegura que más de 4,000 hombres la han encargado ya, y otros 20,000 han solicitado información sobre el producto. TrueCompanion también trabaja en un robot sexual masculino, llamado Rocky.
“En realidad no hay nada en el mercado como esto”, presume Hines, que habla de su original invento con lo que parece ser verdadero afecto. “Cuando está en público, todos quieren hablar con ella y sacarse fotografías. Es tan bonito”.