Homero Simpson no es el único que ha sufrido "el síndrome de Jerusalén"

Por Jessica Ravitz
Martes, 30 de marzo de 2010 a las 06:29
En el Muro de los Lamentos en Israel, Homero sufre del síndrome de Jerusalén y cree que es “el elegido” (FOX).
En el Muro de los Lamentos en Israel, Homero sufre del síndrome de Jerusalén y cree que es “el elegido” (FOX).
Lo más importante
  • En el más reciente episodio de Los Simpsons, Homero cree que es “el elegido” en una viaje a Israel
  • El argumento del episodio se basa en el fenómeno real llamado el síndrome de Jerusalén
  • “Entiendo completamente que las personas que son escépticas”, dice un psiquiatra

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Entiendo completamente a las personas que son escépticos al respecto. Si yo no lo hubiera visto con mis propios ojos, también sería muy escéptico. Pero uno no puede negar lo que uno ve
Psiquiatra Gregory Katz, que dirige la unidad de emergencias en Kfar Shaul

CNN — Sólo Los Simpsons pueden empezar la semana santa con una ocurrencia.

Los cristianos consideran a la semana santa como un tiempo sagrado que conmemora el viaje de Jesús a Jerusalén desde el domingo de ramos al de pascua, y muchos la asumen con reverencia atendiendo a eucaristías, cantando cánticos y ofreciendo plegarias. Por eso es poco probable que alguno de ellos imagine a su salvador en la forma de Homero Simpson.

En “The Greatest Story Ever D'ohed”, el más reciente episodio de la popular e eterna serie de Fox, que se emitió el domingo, Los Simpson viajan a Israel con una misión de iglesia. Van por petición de su vecino, el devoto cristiano Ned Flanders, que pensó que una dosis de Tierra Santa le daría a Homero la tan necesitada salvación.

No es sorpresa que el plan no haya salido bien.

Entre las debilidades y ofensas de la familia, Homero enloquece y cree que es 'el elegido', destinado a unir a musulmanes, judíos y cristianos. Diagnosticado con el “síndrome de Jerusalén”, Homero se llama a sí mismo el “Mesías” y propone la nueva fe de los “crismusuljudíos” (Chrismujews), una religión que alabaría tanto a la paz como los pollos.

Este argumento, aunque es ciertamente creativo y retorcido en el estilo clásico de Los Simpsons, tiene raíces en algo real.

En el Centro de Salud Mental Kfar Shaul de Jerusalén, los doctores han estudiado desde hace varios años a los pacientes con el desorden psiquiátrico que llaman el síndrome de Jerusalén, una rara condición en la que los turistas –en promedio uno o dos cada mes- se sienten tan abrumados por el poder del lugar que disocian la realidad y se creen figuras bíblicas.

“Entiendo completamente a las personas que son escépticos al respecto”, dice el psiquiatra Gregory Katz, que dirige la unidad de emergencias en Kfar Shaul. “Si yo no lo hubiera visto con mis propios ojos, también sería muy escéptico. Pero uno no puede negar lo que uno ve”.

Mientras que los psiquiatras por fuera del centro debaten la existencia del síndrome, Katz estima que durante los pasados 25 años, él y sus colegas han identificado más de 450 casos.

Katz cuenta la historia de un hombre de Medio Oriente que fue encontrado en la Ciudad Vieja de Jerusalén vistiendo una toga blanca y clamando ser el apóstol Pablo. Fue arrestado por la policía y llevado a Kfar Shaul después de que trató de forzar a los judíos y musulmanes que lo veían a seguir su camino y sus creencias; un esfuerzo que “en serio causó algunos disturbios”, dijo Katz.

Después un alemán desnudo fue encontrado deambulando en el desierto judeo. Creía que era Juan el bautista e intentó bautizar a extraños. El mayor reto con él, dice Katz, era que no tenía documentos de identificación cuando la policía palestina lo detuvo y tuvo que pedir ayuda de Kfar Shaul.

El inusual síndrome puede ser dividido en dos categorías. La primera, que Katz llama el síndrome de Jerusalén “puro”, es lo que aquejó a los turistas ya mencionados. En estos casos, los pacientes encontrados en batas, envueltos en sábanas de hotel o desnudos, no tenían historial de enfermedad mental.

La ruptura intensa con la realidad incluye agitación, el deseo de separarse del grupo turístico o de la familia, una obsesión por la limpieza, vestirse de blanco y la necesidad de predicar, compartir cánticos y marchar hacia los lugares sagrados, de acuerdo a un artículo de investigación del que Katz es co-autor junto con sus colegas y que fue publicado en 2000 por el British Journal of Psychiatry.

Tales muestras del síndrome de Jerusalén puro duran menos de una semana, y los pacientes siempre ‘salen de él’ mortificados.

Aunque nadie puede decir con certeza por qué un turista de repente se ‘vuelve’ un Mesías, un profeta o una Virgen María (el personaje más popular entre las mujeres), Katz ofrece una teoría.

En general, los pacientes son peregrinos cristianos altamente religiosos; y protestantes, no católicos, dice Katz. Muchos vienen de comunidades rurales, han viajado poco y suelen tener alrededor de cuarenta años. Llegan a Israel –con frecuencia su primer viaje al extranjero- con la visión idealizada de Jerusalén formada a través de años de estudio de la Biblia. Y aunque es una ciudad santa, la realidad incluye embotellamientos de tráfico, celulares omnipresentes, tensiones políticas y guardias de seguridad afuera de los cafés. Incapaces de reconciliar su visión idílica con la dura realidad, tienen un episodio psicótico temporal.

Estos casos “puros” representan el 10 o el 15 por ciento de todos los incidentes, dice Katz. El resto, que describió como casos de síndrome de Jersualén “superpuesto”, involucra a pacientes que han tenido historial de enfermedad sicótica y que con frecuencia llegan a Israel con una misión específica y con delirios de poder y de influencia.

En esos casos, cuando los pacientes son turistas, los médicos de Kfar Shaul los estabilizan  para que puedan volver a casa y ser tratados en sus propios países.

Un ejemplo es “Sansón”, el físico-culturista estadounidense que llegó a Jerusalén determinado a mover una de las enormes piedras antiguas del Muro de los Lamentos. Sufría de esquizofrenia paranoica y después de haber sido calmado con medicinas en Kfar Shaul, fue acompañado de vuelta a casa por su padre, según el artículo publicado en 2000.

Otro caso extremo que la gente ha contado por años es el de un fundamentalista cristiano de Australia que en 1969 prendió fuego a la mezquita Al-Aqsa en el Monte del Templo en la Ciudad Vieja. El australiano dijo que necesitaba reconstruir el templo antiguo para ayudar al regreso de Jesús. Fue llevado a juicio, declarado demente y deportado.

David Koresh, el líder de la secta davidiana que murió en 1993 en un incendio en Waco, Texas, tuvo el síndrome en algún momento, dice Katz; aunque la visita de Koresh fue anterior a la llegada de Katz.

El difunto psiquiatra Yair Bar-El, con el que Katz trabajó, le dijo a Gershom Gorenberg (entonces periodista de The Jerusalem Report) que Kfar Shaul recibió a  tres ‘vírgenes marías’ al mismo tiempo. Y le contó a Judith Fein, en una entrevista para The Savvy Traveler, sobre un experimento en el que ponía a dos ‘Mesías’ en la misma habitación.

Después de una hora –le contó Bar-El a Fein- cada uno dijo: “Yo soy el verdadero Mesías. Él es un impostor”.

Israel recibe millones de turistas cada año: 2.7 millones en 2009, según una portavoz del Ministerio de Turismo. Cerca de 54 por ciento de ellos son cristianos, 39 por ciento judíos y el resto se identifican con otra religión o con ninguna. Con sólo uno o dos que padecen el síndrome de Jerusalén cada mes, dice la portavoz, ese extraño fenómeno no es algo que le preocupa a su departamento.

Y aunque Jerusalén es ciertamente única en términos de su importancia e influencia religiosa, Katz dice que no es el único destino turístico en que puede darle a las personas un comportamiento psiquiátrico extraño: en Italia, los amantes del arte que visitan Florencia pueden sufrir del síndrome de Stendhal, una reacción sicótica a los detalles de las obras maestras.


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