En un lugar de la Ciudad de México, la pasión por el futbol y un equipo se convirtió en devoción. Ahí todo es y todos son del América
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Lo de Cabañas hizo que el barrio se solidarizara con el Club | |
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CIUDAD DE MÉXICO (CNN México) — El Barrio Kabañas es un vecindario que se convirtió en una especie de santuario urbano dedicado al club mexicano de futbol las águilas del América.
Por la cantidad y naturaleza de los objetos que se pueden encontrar ahí, parece más una boutique de diseños originales que una tienda de souvenirs.
La bandera que se ostenta a la entrada, por ejemplo, fue cosida por el costurero del barrio, y Hugo, otro integrante de la peculiar vecindad, la pintó.
En el barrio prefieren no revelar sus apellidos, es suficiente con llamarse por sus nombres de pila y en muchos casos un apodo es todo lo que se sabe de la identidad del compañero.
Santos es herrero y forjó los escudos. Enrique es dueño de una tienda de abarrotes y su aportación al santuario es ‘poner’ más de la mitad de la cerveza y las botanas que se consumen durante los partidos.
El Ponzoñas pone su granito de arena cuando presta su pantalla plana de alta definición para apreciar mejor el partido.
Muros amarillos, logos en fachadas y en bardas, herrería con forma del escudo, estampas, águilas y El Chanfles en un bicitaxi amarillo decoran la Calzada de las Bombas del sur de la Ciudad de México, donde se encuentra el Barrio Kabañas.
Están tan cerca del Estadio Azteca que sólo hay que recorrer una calle y atravesar dos avenidas, División del Norte y Tlalpan, para estar frente al Coloso que cada semana recibe al América y sus miles de seguidores, la afición más numerosa del país.
Un domingo cualquiera
Cuando hay juego, las banderas azul-crema empiezan a ondear en el vecindario desde mediodía.
Enrique, Yompi, Ponzoñas, Hugo y los demás se sientan en cajas de refresco a esperar el partido de las cuatro de la tarde con caguamas en mano (un envase con 940 mililitros de cerveza). Alistan los toldos, cuelgan las banderas y dejan pasar el tiempo.
Esos días de partido, las porras y los aficionados del América atascan los peseros (transporte público que adquirió ese apodo porque cobraba un peso el pasaje) y al pasar frente al barrio, un fraterno intercambio de consignas tiene lugar.
Aunque dejaron de pertenecer a La Monu (una de las barras o porras del América que se autodefinió como la monumental) desde que se hicieron violentos, los apoyan.
El barrio pinta su línea amarilla en medio de la colonia Coapa, en la que además están las instalaciones oficiales del Club Deportivo América.
Un domingo, unos valientes con camisetas ajenas al barrio se atrevieron a pasar frente a los americanistas. “¡Azul, azul!” (en franco apoyo a otro equipo mexicano, el Cruz Azul), gritaron desde un pesero que bajó la velocidad. La reacción inmediata fue casi obvia, una rechifla que salió de los huecos del vecindario, del Barrio Kabañas.
Esto es algo que a veces pasa; al iniciar el partido, todos se pelean y se culpan porque la televisión no tiene señal. Juntan cables, proponen soluciones y se frustran. La decisión final fue que uno de ellos se sacrifique y permanezca 90 minutos sosteniendo los cables y la antena para que el juego pueda verse.
Territorio casi sagrado
La línea pintada para los otros equipos por los habitantes del barrio Kabañas es realmente una muralla. Varios metros de ladrillo amarillo llevan dos años limitando la zona del barrio. Dicen que dentro, en sus casas, todo es del América… todo. No existe devoción como la de ellos, aseguran.
La vecindad es como un pasillo-callejón. Recorrerlo es como ir pasando de cuarto en cuarto atravesando ‘puertas’ blandas, de cortinas.
Las casas se dividen por callejones angostos. Construyen un cuarto sobre otro como si el objetivo fuera alcanzar el cielo.
Lo primero que se puede ver al subir unas escaleras de peldaños altos es una imagen de la Virgen de Guadalupe que parece contemplar una colección de artículos amarillos.
Estampas, fotos, recortes, corazones, oraciones, cartas, manualidades, están ahí organizados casi museográficamente.
Hay un cuarto con un brillo único: la luz se refleja en el escudo de diamantina del techo y todo resplandece.
“Lo quiso en vez de sus XV años”, dice José Luis, quien es el papá de Arny, la guía de este peculiar barrio.
Para mostrar la gran de objetos que fungen como homenaje al equipo de sus amores, Arny baja con un águila disecada que su hermano encontró en la basura. “Si todos fueran como yo, serían muy felices”, dice presidiendo la sala.
Arny ve todos sus objetos y suspira, “lloré cuando supe lo de Cabañas, luego luego fui al hospital y de ahí a rezar al Estadio”.
Salvador Cabañas, delantero y goleador del Club, de nacionalidad paraguaya, fue herido de bala en la cabeza la madrugada del 25 de enero y desde entonces no ha podido alinear con el equipo.
Luego de salvar la vida, lo que para muchos es un milagro, Cabañas enfrenta un proceso de rehabilitación física pero sobre todo de sus facultades cognitivas.
El futbolista, esperanza de la selección paraguaya y del equipo mexicano, fue agredido en el baño de un bar de la Ciudad de México y el presunto agresor está prófugo.
“Lo de Cabañas hizo que el barrio se solidarizara con el Club”, cuenta Santos.
No importando el frío o la hora, ocho kabañeros levantaron ‘otro’ Estadio Azteca en tributo al héroe caído.
En un muro se pintó la nueva vigilancia de la calle: Memo Ochoa (el portero titular del equipo) y Salvador Cabañas (el delantero herido de bala) enmarcando un tosco estadio junto a la vecindad. Ése es el homenaje de El Barrio para “el Club”.
Una pasión que no tiene precio
El barrio prefiere ver el partido por televisión, en lugar de ir al estadio. “Subieron los precios de los boletos y en esta época la cartera está flaca”, se escucha decir al cronista.
El muro Kabañas no se ha terminado porque “la pintura está muy cara”, dicen los creadores. Las playeras no son “las originales”. Hugo, el que pinta casi todo lo que se ve como tributo al América y sus jugadores, está desempleado desde hace más de dos meses.
Aquella tarde los del América anotan un gol. Anotan dos. El Barrio Kabañas canta, brinca, toma y celebra.
Más lejos, las mujeres visten a los niños porque la mayoría sabe que “el amarillo es su color” desde y para siempre.
“Seguro fue el destino”, dice Yeimi mientras atiende su puesto de ropa, porque el nombre real de la colonia donde se encuentra el barrio es Rancho Las Cabañitas.
“Ya ves, cuando uno es, pues es”, le coloca una camisa que le queda enorme al nuevo “pollito”(un bebé de meses de edad)… “para que aprenda”.
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